[3 de Noviembre del 2003]

Lección de Economía en un Botiquín

Por: Wayne Dunn

Traducción: Beatriz Dunn

¿Quién hubiera pensado que un objeto inanimado podría enseñar una lección de Economía?

Pues eso es exactamente lo que hizo un botiquín de primeros auxilios. Existen varios botiquines, instalados en gabinetes en las paredes de los edificios donde trabajo.

Por supuesto, no estamos hablando solamente de banditas y yodo. No, estos estuchitos contenían aspirinas para dolor fuerte, medicinas para la tos, antiácidos - tipo una mini - farmacia, libre para tomar lo que se desee.

Y eso fue lo que la gente hizo. Tomaron y tomaron y tomaron más. Caray, incluso la dama que llena las máquinas de refrescos estuvo a ojos vistos, ayudándose con las pastillas para la garganta. Parece que las cosas gratis tienen cierta atracción.

Por supuesto, los botiquines siempre necesitaban ser resurtidos. Los artículos populares surtidos un día, estarían agotados para el siguiente. Nuestro pequeño sistema estaba lleno de abuso.

Así que fueron establecidos los controles. A parte de todas sus obligaciones, los supervisores tenían que monitorear esos botiquines, inspeccionar a los usuarios, racionar un poco.

Pero eso no hizo la diferencia. ¿Por qué la haría? Nadie ahí tenía que pagar la factura.

Para este punto, el presupuesto de la compañía para primeros auxilios tenía hemorragia, así que la administración aplicó un torniquete. Ahora solamente existen artículos básicos -gasas, agua oxigenada, cosas para emergencias.

Por supuesto, algunos empleados lloriquearon. Las pobres almas habían contraído "el virus del derecho a", una enfermedad relacionada a la dádiva. Lástima que no hay cura en el botiquín para eso.

Ciertamente el problema del "botiquín" trae consigo otros problemas que los administradores tienen que lidiar. Aun así, me hizo pensar. Me llamó la atención que esa situación no habría sido muy diferente si en lugar de suministros gratis en un botiquín de primeros auxilios, lo gratis hubiera sido el inventario de una farmacia completa o, tal vez, el acceso libre al equipo y talento de un hospital entero y su personal.

Los bienes "gratis" no traen escasez a quienes los consumen. Pero ellos, sin embargo, pronto encuentran una escasez de esos bienes. Esto trae consigo racionamiento, exceso en el presupuesto, incremento en los costos y constante declinamiento en los servicios.

Lo que pasó con el primer botiquín de primeros auxilios es a pequeña escala de lo que pasa bajo la socialización de la medicina (o la socialización de lo que sea), aunque con una vital distinción: Una compañía (o individuo) tiene todo el derecho de ser tan libre o tan limitada como desee con las decisiones que toma sobre sus propios recursos. Pero el gobierno, en contraste, no posee recursos que no hayan sido primero expropiados de los ingresos de la gente. Tal es la naturaleza de su "generosidad".

Tomemos a México como ejemplo. Cuenta con servicios de salud "gratuitos". Así que lo gratis le costó a mi esposa, nacida ahí, $65 dólares al mes, seis por ciento de su ya precario y fuertemente gravado salario. Y que le cubría este pago? Bueno, cuando fue llevada a un hospital público después de resultar herida en un accidente automovilístico, por ejemplo, el doctor simplemente examinó sus documentos (no su persona) y la envió a casa con algunas aspirinas. (Después ella fue a un hospital privado a pagar el tratamiento debido)

El socialismo obliga a la gente a pagar por lo que causa el no trabajar. Por cierto, las consecuencias de la socialización son exactamente opuestas a las presuntas intenciones. Se burla el autor croata Slavenka Drakulic después de la caída del comunismo en la antes Yugoslavia: "El Seguro Dental ha sido gratuito por más de cuarenta años" con el resultado de que "toda la nación ha tenido problemas dentales".

Cobertura de salud "gratis" - que América va en esa dirección - transformaría el mejor sistema de asistencia médica del mundo en una red nacional equivalente a un caro y pobremente surtido botiquín de primeros auxilios.

Aspirinas y sonrisas sin dientes, ¿gustan?

 

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